El crash del carbón

Escrito por oilcrash 17-05-2010 en General. Comentarios (18)
Queridos lectores,

El carbón es un combustible fósil que tiene una cierta imagen demodé, como una reliquia propia de la primera revolución industrial y de la máquina de vapor. Sin embargo, se sorprenderían de la importancia y vigencia de tan modesto combustible. De acuerdo con datos de la Administración Americana de la Energía (perteneciente al Departamento de Estado de Energía de los EE.UU.), el carbón proporciona el 27.4% de la energía primaria en el mundo, porcentaje nada despreciable, sobre todo si se la compara con el 33.5% del petróleo o el 22.8% del gas natural. En países como China, el carbón representa el 70% de la energía primaria y el 80% de la energía eléctrica. De hecho, el principal uso del carbón es para la generación de electricidad: sus características no le hacen el combustible más idóneo para el transporte (para esto es mejor el petróleo) pero la generación eléctrica sí que permite aprovechar plenamente su potencial, mediante unas turbinas de vapor que, en el fondo, no son tan diferentes de la máquina de Watt, a pesar de los dos siglos de distancia. Por tanto, el futuro de la producción de carbón es fundamental en nuestro futuro energético, porque lejos de ser una fuente menor, desempeña un gran papel en el modelo energético global, y las posibles tensiones futuras en el mercado del carbón se traducirán en tensiones en todo el mercado de la energía, al igual que las tensiones que genera el Peak Oil.

En lo que sigue sintetizo, y luego analizo, los hechos más relevantes de tres artículos sobre el tema, uno de The Oil Drum y otros dos de Energy Bulletin. Para cada dato que cite, enlazaré el artículo que corresponda, con repeticiones.

Uno de los primeros lugares comunes que se suele oír cuando se habla del carbón es que queda carbón para siglos. Por ejemplo, si uno tiene en cuenta que EE.UU. tiene unas reservas de alrededor de 240 millardos de toneladas de carbón y produce 1 millardo cada año, la simple aritmética dice que a ritmos de producción actuales tienen carbón para 240 años. Sin embargo, ésta es una verdad relativa. En primer lugar, porque la producción no será constante: si la demanda sigue creciendo (China, ya veremos más tarde), la producción crecerá hasta llegar a su cénit, a partir del cual disminuirá y empezará a causar problemas. En segundo lugar, comparar la producción con el consumo de los EE.UU. es falaz, puesto que en un mercado de globalizado todos los bienes están a disposición de quienes los puedan pagar. Pero hay un tercer lugar, todavía más inquietante, y es que las reservas están falseadas, con estadísticas poco fiables. Pero es que además, el carbón no es como la madre, y hay más de uno.

Cuando se dan los números de las reservas se hace un batiburrillo confuso y, me da la impresión, deliberado sobre los diversos tipos de carbón. Resulta que hay cinco grandes categorías de carbón, ordenadas por su poder calorífico (en orden decreciente): antracitas, carbones bituminosos (como por ejemplo la hulla), los sub-bituminosos, los lignitos y las turbas. La turba es un carbón de origen vegetal, de muy poco poder calorífico y que generalmente tiene otros usos diferentes del calorífico (por ejemplo, para hacer whiskey). El lignito tiene un poder calorífico tan bajo (5,5-14,3 MJ/kg) que sólo tiene sentido consumirlo in situ; no hay comercio mundial de lignito, porque la energía del transporte rápidamente excede la que puede aportar el lignito. Así pues, los carbones que se pueden explotar y exportar son los sub-bituminosos (8,3-25 MJ/kg), los bituminos (18,8-29,3 MJ/kg) y sobre todo los reyes, las antracitas (con alrededor de 30 MJ/kg; por comparación, la densidad energética de la gasolina es de unos 47 Mj/kg). El problema es que no se ha explotado homogéneamente todos los tipos de carbón; como es natural, las antracitas se han explotado más que los demás (el pico de la antracita en EE.UU. fue en 1950 y el del carbón bituminoso, en 1990). Dada la gran diferencia de energía entre unos y otros tipos de carbón, se ha de prestar más atención al pico de energía (el máximo de energía de carbón extraída) que al pico volumétrico (el máximo número de toneladas de todo tipo de carbón extraído). Y es que en el caso de EE.UU. así como el pico volumétrico aún está por llegar, el pico de energía del carbón fue en 1998. Conviene observar que la mayoría de las reservas de EE.UU., como las de Rusia, son de lignito. Algunos autores afirman que el pico de energía del carbón fue en 2000, mientras que el pico en volumen parece que será hacia 2025 (2020 para la antracita y carbón bituminoso, 2050 para el lignito).

El gigantesco despegue económico de China se ha sustentado en un crecimiento del consumo de carbón sin precedentes, como detalla Richard Heinberg en este artículo (todos los datos en lo que sigue provienen de esta fuente). Su producción nacional se ha incrementado en un increíble 28% durante el último año, pero su consumo crece a un ritmo desbocado, de más de un 7% anual (se duplica cada 10 años) y es la base de los gigantescos crecimientos económicos de este país. Sin embargo, es evidente que China tiene muy complicado seguir por esta senda. Desde hace poco, China ha empezado a ser un importador neto de carbón; el último año importó 150 millones de toneladas (una minucia comparada con los 3 millardos de toneladas que consume). El problema, como indica Heinberg, es que estos 150 millones de toneladas son el 60% de lo que produce el mayor exportador mundial, Australia, con lo que de seguir al ritmo actual ya el año que viene China tendrá que localizar nuevos importadores o conseguir que Australia produzca aumente brutalmente la producción, o seguramente las dos cosas a la vez. Pero China no está sola, India sigue sus pasos de cerca...

La enorme presión que va introducir China en el mercado del carbón sólo puede acabar provocando un encarecimiento del carbón en particular y de la energía en general. Y en plazo de pocos años, porque es evidente que antes de llegar al pico volumétrico China necesitaría duplicar su consumo, cosa imposible. Pero el problema es peor de lo que piensa la mayoría, ya que las previsiones para el gas y el uranio no son mucho mejores. Aunque esto ya lo hablaremos otro día...

Salu2,

Antonio