The Oil Crash

Al final, echamos arcos y flechas a la hoguera para entrar en calor

Escrito por oilcrash 01-03-2010 en General. Comentarios (3)
Queridos lectores,

Acabo de volver, y tengo mucho trabajo acumulado, así que aún me mantendré alejado del blog unos días. Sin embargo, no quería dejar pasar la ocasión para comentar la siguiente noticia, según la refiere El País:

Obama parepara una "drástica reducción" del arsenal nuclear estadounidense

No deja de ser curioso que, de repente, en medio de tantas necesidades urgentes en EE.UU. (cuando estuve allí la semana pasada vi varias noticias en la tele, en la que calificaban al Gobierno de "roto"), la administración Obama pierda tiempo con un asunto tan espinoso como es la del reducción del arsenal nuclear, sobre todo teniendo en cuenta que tendrá a los republicanos en contra y sin tener una contrapartida asegurada de una reducción del mismo calibre por parte de Rusia. A no ser que EE.UU. necesite reaprovechar el uranio inmovilizado en las cabezas nucleares para sus necesidades energéticas civiles. Y es que, como comentamos, falta uranio para cubrir las necesidades mundiales, con el agravante de que en el caso del uranio la caída será brusca (no será un pico como con el petróleo), ya que al menos del tercio de uranio - el que viene de las reservas- se agotará repentinamente. Y en este contexto es crucial que EE.UU. comience a movilizar sus reservas militares. Conviene recordar los problemas que ha tenido Francia este invierno por culpa de la falta de uranio (ver noticia en The Times).

En unos días volvemos. Saludos cordiales,

AT.

El pico de la mierda

Escrito por oilcrash 19-02-2010 en General. Comentarios (1)
Queridos lectores,

Voy muy liado con los últimos preparativos antes del viaje, pero he leído este artículo en el Financial Times, y no me he podido contener de comentarlo: la llegada del pico de los desperdicios (el artículo en sí no podría formar parte de este pico, porque no tiene desperdicio).

La presentación reciente del segundo informe del Industry Taskforce on Peak Oil and Energy Security ha causado estragos, y hasta un diario serio como el Financial Times se plantea qué hacer a partir de ahora con el pico del petróleo.

Resulta que en este artículo cuenta que, delante de las previsibles dificultades futuras para conseguir combustible a precios asequibles, British Arways planea construir una planta de aprovechamiento de residuos orgánicos urbanos a las afueras de Londres, con la intención de producir unos 16 millones de galones  (unos 72 millones de litros)
de combustible de aviación al año. La elección de Londres no es ociosa, dado que como dicen en el artículo Londres es el Ghawar de la basura (me encanta el símil).

El problema es que la basura de Londres parece ser que tiene muchos novios, y es que el alcalde de Londres tiene un proyecto de usar el combustible derivado de los residuos orgánicos para el transporte urbano. Por otra parte, los 16 millones de galones anuales que BA pretende obtener sólo le sirven para movilizar el 2% de su flota de aviones en Heathrow. De hecho, para poder mover toda la flota solamente de BA, y solamente la de ese aeropuerto harían falta todos los desperdicios del Reino Unido entero. Por tanto, por paradójico que pueda parecer, nos pueden faltar residuos orgánicos para que estos proyectos lleguen a tener verdaderamente impacto. En suma, que estamos llegando al pico de la mierda.

El final del artículo es tan bueno, que creo es mejor traducirlo más o menos tal cual:

"Esto también sugiere que puede llegar un momento en el que ya no pagarás por que alguien se lleve tus residuos, sino que podrás venderlos. Esto ya ha pasado con muchos tipos de residuos comerciales. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que los propietarios de las viviendas tengan que guardar los cubos dentro de casa, por temor a que los "bandidos de basura" les escamoteen sus valiosas mondas de patata y pieles de plátano?"

Al margen de lo escatológico del asunto, que se presta a la chanza fácil, hay un problema que siempre se plantea cuando se habla del aprovechamiento del bio-gas de los vertederos, y es que una sociedad más concienciada con la sostenibilidad, y en todo caso afectada por la crisis creciente generada por el oil crash genera cada vez menos residuos. Y es que en el tema de los residuos es un juego de suma cero: no sale nada de la nada, y al final lo que más a cuenta sale es completar el ciclo natural. Porque si de rendimiento termodinámico hablamos, lo más probable es que la mejor opción es destinar estos residuos como fertilizante agrícola.

Me perdone el lector una licencia, pero toda esta historia me recuerda a un chiste muy caro a mi ex-estudiante, colega y amigo Oriol. "A este paso vamos a comer mierda" "Sí, ¡y que llegue para todos!".

Desde el otro lado de la montaña de basura.

AMT



Cinco poderosas razones por las que el coche eléctrico no llegará nunca

Escrito por oilcrash 17-02-2010 en General. Comentarios (5)
Queridos lectores,

He de partir de viaje, y entre preparativos y viaje en sí mismo estaré apartado del blog durante unos diez días. Antes de salir, quería hacer un breve post sobre por qué la solución en la que confían las grandes marcas de automóviles es una falsa salida y en realidad el último clavo de su ataúd.

Primero, explicar el título. Coches eléctricos existen, evidentemente; lo que se dice aquí es que nunca se fabricarán a gran escala, ni siquiera a una escala significativa. Posiblemente los potentados del futuro, si tienen algún coche, será eléctrico; pero de éstos habrá uno por cada cien o mil habitantes, con suerte. Nada que ver con la sociedad devota de la automoción privada de hoy en día (en el mundo hay unos mil millones de coches, uno por cada siete habitantes). Analicemos estas razones, que son todas ellas de carencia: no podrá ser porque faltan muchas cosas. Y más concretamente:

  1. Por falta de electricidad: Está muy bien no consumir petróleo en esos coches fantásticos, pero, ¿de dónde va a salir toda esa electricidad? Como mostramos en nuestra presentación, eliminar petróleo y gas supondría que España tendría que multiplicar por entre 8 y 10 la producción por otros medios. Lo cual es simplemente inviable.
  2. Por falta de infraestructuras: Hay un problema que está relacionado con la electricidad, pero no con su generación, si no con su distribución. Tantos coches eléctricos recargándose al mismo tiempo exigirían reforzar enormemente la red actual, que debería ser capaz de absorber picos de demanda mucho mayores a los actuales. Si en la actualidad es complicado conseguir que las eléctricas inviertan en mantenimiento de sus infraestructuras (los apagones de Barcelona y Madrid por estallidos de subestaciones, que más de uno se acordará, son testigos), imagínense lo que sería ampliarlas de manera más que significativa.
  3. Por falta de capital: Incluso queriendo hacer los cambios de infraestructura deseados, requieren gigantescas cantidades de capital; pero uno de los problemas que se están presentando en la llegada al peak oil es que falta capital para todo. Para poder sufragar esta inversión, las eléctricas deberían repercutir, y de qué manera, los costes sobre los consumidores, lo cual no está muy claro que sea factible.
  4. Por falta de litio: El litio es un material muy escaso en el planeta Tierra. De acuerdo con el trabajo "Continuously less and less", que ya hemos citado anteriormente, el litio es de las primeras cosas que se acabará: a ritmos de extracción actuales quedan menos de 10 años para su agotamiento. Actualmente hay problemas para suministrar litio para las baterías de móviles y portátiles por este motivo, con lo que se hace inimaginable hacer una explotación de gran escala como la que se requeriría para generar coches eléctricos a gran escala. Por supuesto se podría pensar que se podrían hacer baterías basadas en otros materiales; el problema es que de momento la de ión-litio es la única tecnología que permite una duración medianamente aceptable... que en realidad es penosa: los coches eléctricos actuales tienen una autonomía de unos 100 km.
  5. Por falta de mercado: Mientras el petróleo sea asequible, las prestaciones del coche de gasolina o diésel serán siempre muy superiores. Cuando haya problemas con el suministro de petróleo, los problemas de la sociedad serán demasiado graves como para que la gente se preocupe de comprar coches. En una situación de carestía de todo, paro rampante y el coste de la vida mucho más alto que ahora, es dudoso que mucha gente se plantee ni tan siquiera tener coche.

¿Qué sentido tiene, pues, esta apuesta? ¿Cómo podemos ni tan sólo plantearnos esta falsa salida? Supongo porque aún creemos que los problemas se pueden resolver solos (y en este caso, cinco de una tacada). Aunque quizá todo esto sólo sea una distracción.

Hay una frase paradigmática de la comunidad del peak oil para describir esto: Happy Motor is over. O sea, Se acabó la motorización feliz.

AMT

Replantear el problema

Escrito por oilcrash 09-02-2010 en General. Comentarios (8)
Queridos lectores,

Esta mañana una compañera del trabajo me ha comentado que leyendo mi blog uno se lleva una impresión muy negativa, catastrofista. Y que este catastrofismo causa un sentimiento de incredulidad en el lector. Estoy seguro de que éste es el caso, que algún lector casual del blog puede llegar a la conclusión, por lo extremo de los hechos que aquí se discuten, que de algún modo estoy exagerando, aunque sea con buena voluntad por mi parte. Nada más lejos de la realidad; si alguien se toma la molestia de buscar los datos (que para ello referencio profusamente) verá que en realidad me quedo en un primer nivel del impacto de la crisis energética que ya  se está desarrollando, y cada día que pasa los hechos son más elocuentes. Pero se ha de querer escuchar, y estamos educados, casi diría adoctrinados, para no escuchar este tipo de mensaje.

Un problema curioso de la cultura global que se ha impuesto en Occidente, incluso en este país que por tradición tienen una asentada cultura del fatalismo, es la de que con ingenio y buena voluntad todo problema puede resolverse. Desde el discurso político monocorde (que sólo piensa en volver a la senda del crecimiento económico como única vía de resolver esta crisis) hasta las películas de Hollywood y las sitcoms americanas (donde los protagonistas resuelven cualquier situación por crítica que llegue a ser con grandes dosis de ingenio y de arrojo), nuestro paradigma es el del problem solving: nuestra cultura es que podemos y debemos resolver cuantos problemas se nos plantean.

Sin embargo, no todos los problemas se pueden resolver, simplemente porque hay problemas insolubles. Incluso los problemas de pura matemática. Últimamente pongo siempre el mismo ejemplo: encuentre el astuto lector dos números pares cuya suma sea 5. ¿Imposible, verdad? Y claro, sabemos que la suma de dos números pares ha de ser par, con lo que difícilmente pueden sumar 5, que es impar. Está claro, "he hecho trampa", porque he planteado un problema que no tiene solución porque su enunciado está mal planteado, ya que es intrínsecamente contradictorio. Pero es que ésta es exactamente nuestra situación. Cuando la gente "busca soluciones" para el problema energético, hay siempre un sobrentendido: lo que se busca es alguna fuente de energía que pueda substituir al petróleo para que todo siga como es ahora mismo. En suma, lo que queremos es encontrar una manera de mantener un sistema económico de crecimiento infinito en un planeta finito. Y no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que este problema, también, está mal planteado. Y ésta es exactamente nuestra situación.

No esperen encontrar "soluciones al problema" en este blog. Justamente este blog va de que "no hay soluciones" al problema, simplemente porque "el problema" está mal planteado. Cuanto antes lo admitamos todos, cuanto antes lo entendamos todos, mejor nos irá. Porque el primer paso para poder resolver esta crisis es comprender que tenemos que cambiar el planteamiento, cambiar el problema para que esté bien planteado, para que tenga una solución. Porque sí que puede haber una solución, pero esta pasa por reconocer que no podemos crecer indefinidamente, que en algún momento tenemos que estacionar, que quedarnos igual garantizando el máximo bienestar al máximo de población. Y el problema ahora mismo es que todo indica que hemos pasado, y por mucho, el límite de sostenibilidad, y que tenemos que bajar mucho para poder alcanzar un nivel que sea sostenible, que se pueda mantener de forma continua.

Sé que lo que digo suena a grotesco, a inverosímil, a que si el problema tuviera la magnitud que digo yo aquí los poderes políticos y económicos estarían tomando medidas expeditivas para combatirlo. El problema es que los poderes tradicionales intentan buscar soluciones tradicionales, en buena medida por su incapacidad para reconocer que el verdadero problema es este planteamiento de imposible solución. Y he aquí la función pedagógica y analítica de este blog: mi objetivo es, poco a poco, analizando las noticias recientes, mostrar que no hay solución, de ningún tipo, dentro del paradigma actual. Y no porque a mí me dé la gana y quiera caprichosamente intentar imponer una visión de la realidad (¡qué más no quisiera yo que esto no fuera cierto!), sino porque el tema está tan profusamente analizado que ya hace tiempo que se sabe que, insisto, no hay solución. El lector con más presencia de espíritu, que se lea el informe "Searching for a miracle" ("Buscando un milagro") de Richard Heinberg, y cuando acabe habrá entendido que no hay ningún milagro a la vista, que ninguna combinación de renovables de todos los tipos posibles habidos y por haber, y nuclear, y lo que sea, va a "solucionar el problema". Si se ha entendido esto, no hay más necesidad de hablar ni de leer este blog. Pero mientras la sociedad se niegue a aceptar que pueda pasar que no hay solución, este blog será necesario, e intentaremos poco a poco demostrar que el emperador está desnudo, que las presuntas soluciones tecnológicas jamás conseguirán, ni de lejos, rellenar el vacío del petróleo. Y lo mostraremos analíticamente, apuntando a todas las debilidades de los planteamientos que "se debaten" en los diversos foros. Para intentar que alguien pueda recoger aquí los datos y los análisis, que, insisto, son bien conocidos, y pueda usarlos para, poco a poco, centrar el debate en lo que realmente se puede debatir, y que es el cambio de modelo económico.

Ya sabemos que delante de una noticia grave experimentamos las cinco fases del lamento de Kübler-Ross: Negación, Rabia, Negociación, Depresión y Aceptación. Señores lectores, he aquí la noticia dolorosa e inaceptable: La sociedad industrial que tanto bienestar nos ha proporcionado está condenada a desaparecer, o como mínimo a disminuir sensiblemente su tamaño, en un plazo de como mucho 20 años. A mi tampoco me gusta, pero no por eso tengo el derecho, tenemos el derecho de mirar a otro lado. El poder político y el económico están en la primera fase del lamento: Negación. Tienen los datos, pero se niegan a creerlos. Esto hace que la sociedad esté en el estado cero: Ignorancia. La sociedad ni siquiera sabe qué se cuece. Tenemos que darnos prisa si queremos llegar a la quinta fase, la de Aceptación, y el camino va a ser doloroso. Tenemos que cambiar, pero tenemos que cambiar de verdad, no de boquilla. Tenemos que vivir con mucha menos energía y muchos menos recursos de los que disponemos ahora, y tenemos que aprovechar lo que tenemos ahora para pilotar una transición ordenada, para evitar que en vez de pilotarla  sobrevenga espontáneamente de manera caótica. Y cuánto más tardemos habrá más probabilidad de que sea caótica. Por el amor de Dios, comencemos cuanto antes.

Por terminar: que no haya solución no quiere decir que no haya esperanza. Lo que quiere decir es que tenemos que ser más inteligentes que de costumbre. Creo firmemente que si se explica a la sociedad lo que pasa la gente lo acabará por aceptar y pedirá lo que es razonable: planificar, racionar, optimizar, proteger a los sectores más débiles, etc.

Bienvenidos al mundo sin soluciones simples para problemas complejos.

AMT

El problema del cobre

Escrito por oilcrash 07-02-2010 en General. Comentarios (1)
Queridos lectores,

Anoche veía el capítulo 18 del más que recomendable Crash Course de Chris Martenson. Este capítulo está nominalmente dedicado al Medio Ambiente y cómo interaccionará con la crisis económica y energética que están en curso, aunque, contrariamente a lo que muchos supondrían, no tiene absolutamente nada que ver con el Cambio Climático, sino sobre fenómenos más mundanos y más cercanos, tanto en el espacio como en el tiempo. Hubo una cosa que me chocó, y es el ejemplo de la mina de cobre de Bingham Canyon, en Utah (EE.UU). Esta tipo de minería es por lo que se ve un icono de la comunidad del Peak Oil, ya que una mina del mismo tipo (en ese caso, de carbón) ilustra la contraportada del interesante informe "Searching for a miracle" de Richard Heinberg (por cierto, este informe es de imprescindible lectura para todos aquellos que aún creen que una solución basada en un mix de energías renovables, nuclear o lo que sea podrá ser alguna vez alternativa al petróleo, gas y carbón; algún día haré una reseña del mismo). Ciertamente, ese tipo de minas es impresionante: en el caso de Bingham Canyon estamos hablando de un cráter de 3 kilómetros de diámetro y varios centenares de metros de profundidad, donde se machaca la roca para extraer mineral de calcopirita (sulfuro de cobre). El detalle que Martenson destaca en su documental es que la concentración de la mena es del 0.2%. Es decir, de 2 partes por 1.000. Esto es, que se ha de machacar una tonelada de roca para obtener sólo 2 kilos de calcopirita.

Este fenómeno, el de la poca calidad de las menas minerales explotadas hoy en día, no es exclusivo del cobre; comentábamos en otra noticia de este blog que en el caso del uranio la concentración de los yacimientos que mayoritariamente se explotan hoy en día están entre 0.1 y 0.01%, lo cual conlleva machacar entre 1 y 10 toneladas de roca para extraer un kilo de óxido de uranio (y después hay que purificarlo y enriquecerlo). Es evidente que tales tipos de yacimientos no se estarían explotando si hubiera alternativas de mejor calidad y mejor rendimiento (que al cabo es decir menor coste de explotación), y es que éste es nuestro problema fundamental ahora mismo. En un artículo reciente, "Continously less and less" ("Cada vez menos indefinidamente"), se analiza el problema particular del Peak Oil (el cenit del petróleo) en el contexto del Peak Everything (el cenit de todo). Y es que no sólo estamos llevando la producción de petróleo al límite de inviabilidad (no de su agotamiento físico, pero sí del agotamiento de su aprovechamiento por la sociedad), sino también pasa con la producción de la mayoría de los recursos (incluidos algunos renovables, como el agua y el suelo cultivable). Volviendo a "Continuously less and less", en este informe se analiza el estado de 58 materias minerales, recursos naturales no renovables, en el contexto de EE.UU. y del mundo. El resultado es desolador, y con bastante tino en el artículo se relacionan los problemas de los recursos con la evolución del sistema económico y político de los EE.UU. Pero volvamos al caso del cobre, que es el que ahora nos ocupa. Según el artículo, el cobre está en la categoría de recursos que, a ritmos de explotación actuales, se agotaría en entre 26 y 40 años. Este número no es demasiado tranquilizador, pero lo es aún menos si se tiene en cuenta que esta cifra se obtiene dividiendo las reservas entre lo producido anualmente; y como sabemos, la realidad geológica que también afecta al cobre hace que no se pueda producir a ritmo constante, sino que llega a un cenit y después decae, al igual que el uranio, el petróleo, el gas, el carbón y prácticamente todo. La cifra de 26-40 años para el agotamiento a ritmos actuales implica que estamos muy cerca del pico del cobre, si no lo hemos pasado ya (a título comparativo, las reservas de petróleo darían, a ritmos de explotación actuales, unos 30 años). Por tanto la producción del cobre está o decayendo o a punto de hacerlo.

Pero como comentábamos al discutir que la energía nuclear no tiene ningún futuro, el problema que se nos presenta es que sólo podemos mantener los ritmos de extracción mineral actuales si tenemos una gran cantidad de energía suficientemente barata como para hacer viable machacar toneladas de roca para extraer sólo kilos de mineral, después de haber desplazado estas rocas con gigantescos camiones que recorren kilómetros de camino serpenteante desde el fondo de un agujero de kilómetros de diámetro. De lo cual se deduce que en cuanto el oil crash vaya estrechando su gélida garra en torno de nuestro cuello nos veremos obligados a abandonar los yacimientos de menos rendimiento y luego incluso los que para el estándar actual se consideran razonables. O eso o dejar que los precios de esos materiales lleguen al infinito, que al final causará igualmente una reducción de la producción.

¿Y cuál es el problema específico en el caso del cobre, que motiva el título y leit motif de este artículo? Pues que necesitamos el cobre para muchos usos, sobre todos relacionados con la conducción eléctrica (ya que el cobre tiene buenas propiedades mecánicas -maleabilidad, tenacidad- y eléctricas -conductividad. En nuestras casas los hilos eléctricos son de cobre, porque si fueran de acero las pérdidas por resistencia en nuestros cables serían más significativas, a no ser que aumentásemos mucho el voltaje doméstico - y con él el riesgo de accidentes mortales. Cosa que nos tendremos que plantear cuando el cobre sea más escaso. Y digo más escaso, porque aunque parece que no nos damos cuenta, el cobre ya es bastante escaso hoy en día.

Pero hay otro problema más grave aún, que es en realidad la razón de escribir hoy esta noticia. Usamos el cobre para una tarea fundamental que compromete nuestro futuro. Las bobinas que dan vueltas en nuestros generadores eléctricos están hechas de cobre, de grandes cantidades de cobre. No podemos usar otro material industrial, porque si no el rendimiento caería drásticamente. Y aquí surge la pregunta: si el declive propio del cobre, agravado por que la escasez de energía no permitirá explotar la mayoría de los yacimientos actuales, nos va a reducir más que considerablemente la producción de cobre en muy pocos años (un par de ellos, quizá), ¿cómo vamos a construir esos fantásticos aerogeneradores que nos van a permitir multiplicar varias veces nuestra capacidad de producir energía eólica hoy en día? La imposibilidad de resolver este problema queda de manifiesto cuando se analiza un artículo de hace 7 años de Pedro Prieto, publicado en la web Crisis Energética: "Modernos dioses tecno-ecológicos: Helios y Eolo". Y es que, suponiendo que quisiéramos y aceptásemos hacer una revolución energética y llenar cada rincón aprovechable del planeta con molinos de viento y todo funcionase a la perfección para poder suplir nuestras necesidades energéticas actuales (que, no olvidemos, son profundamente injustas, teniendo en cuenta que sólo una minoría de la Humanidad disfruta de nuestro nivel de bienestar), resulta que necesitaríamos la producción íntegra de cobre de 20 años. Lo cual no sólo está fuera del alcance de la sociedad industrial. Es que dentro de poco no será alcanzable con lo que queda de producción del mundo, que en todo caso no será producible en los 20 años que querríamos.

Problemas similares acechan la fabricación de placas solares, en este caso agravados por el hecho de que se usan metales raros, de escasa producción y abundancia. Así pues, resulta inverosímil que se pueda hacer un sustitución de nuestras fuentes de energía actuales por no renovables, no sólo porque la escala de despliegue sea colosal y posiblemente no alcanzable, sino porque no tendremos materiales para desplegarlas aunque quisiéramos.

Bienvenidos a un futuro sin soluciones eco-tecnológicas.

AT.