The Oil Crash

Los límites de los biocombustibles / el pico del fósforo

Escrito por oilcrash 23-04-2010 en General. Comentarios (4)
Queridos lectores,

Hace tiempo que quiero dedicarle un poco de tiempo al análisis de la opción energética que representan los biocombustibles, pero falto de tiempo siempre lo voy aplazando y los temas se me acumulan, así que haré un repaso rápido. Ahí va:

  1. Los cultivos energéticos en latitudes medias como la nuestra tienen un rendimiento termodinámico (EROEI) inferior a uno. Es decir, por cada unidad de energía (típicamente fósil) total inyectada en el terreno (con la maquinaria, los fertilizantes, los pesticidas...) se recupera menos de una unidad de energía (típicamente se obtienen EROEIs de 0.8:1, 0.8 unidades recuperadas por cada unidad invertida). Pueden consultarse las gráficas de Charlie Hall, por ejemplo en el informe "Buscando un milagro", de Richard Heinberg. Para que sean rentables de verdad (sin subvenciones públicas) hace falta reprovechar el grano residual (en el caso del maíz) como alimento para ganado, con rendimiento escaso y dudosa seguridad alimentaria (se usan productos químicos bastante agresivos que podrían pasar a la cadena alimentaria). En consonancia con estos resultados, un estudio reciente dice que se gana más energía neta destinando los cultivos para alimentos que destinándolos para producir biocombustibles.
  2. Solamente en Brasil con la caña de azúcar se consigue un rendimiento mediocre pero al menos con un valor mayor que uno. Eso sí, las condiciones de explotación son extraordinariamente penosas y el método de explotación, con una sobreexplotación del suelo con un monocultivo, insostenible, llevando a una erosión del suelo que puede llegar a ser irreversible. Esto se vende como el milagro brasileño, pero puede convertirse en su pesadilla. Pueden encontrar más datos aquí.
  3. Las plantas terrestres tienen un factor de conversión por función clorofílica bastante ineficaz, en torno al 1% (5% en el caso de la caña de azúcar), pero las algas marinas son bastante más eficaces. Eso sí, aún no se ha conseguido un método de aprovechamiento con rendimiento termodinámico superior a uno, incluyendo los métodos basados en bioreactores. Hay grandes esperanzas en las algas, aunque es dudoso que jamás den grandes rendimientos termodinámicos, y desde luego lejos de los EROEIs de 10:1 que se creen necesarios para mantener una sociedad similar a la nuestra.
  4. Los cultivos para biodiésel podrían tener sentido, de todos modos, ya que sin ellos simplemente la aviación no sería posible. Hay una buena gráfica sobre densidad energética en una presentación reciente de Steven Chu, secretario de EE.UU. de Energía, que se puede encontrar aquí; véase que el fuel para aviones requiere una densidad de 32 Megajulios por litro (compárese con los 0.9 Megajulios por litro de las baterias de litio). Por cierto que les recomiendo la presentación de Chu, a pesar de su tecnooptimismo, porque les dará una buena radiografía de en qué piensa el gobierno de EE.UU. Usaríamos por tanto el biodiésel como un carrier, un portador de energía como lo es la electricidad o el hidrógeno, pero siendo más estable y transportable, y un EROEI de 0.8:1 quiere decir que sólo perderíamos el 20% de la energía convertida, lo cual es muy bueno para un carrier. O sea que hacer biodiésel puede ser, de todos modos, útil, siempre que obtengamos la energía de otras fuentes. Sin embargo, esto plantea dos graves problemas que abordo en los puntos siguientes.
  5. El desvío de cultivos para biocombustibles (biodiésel y bioetanol) implica disminuir la superficie cultivada para alimentos. En el Acorazado Aurora encontrarán lo que esto va a implicar en términos de cómo funciona el mercado, pero no hace falta imaginar, podemos recordar: durante 2008 hubo graves problemas alimentarios en el mundo, con subidas del precio del maíz récord que causó problemas en México, a medida que se destinaba más maíz para hacer etanol para cubrir la falta de petróleo que llevó al pico del precio en Julio de 2008. ¿Queremos que para sacar el coche más millones de personas se mueran de hambre?
  6. El problema más grave de todos es el del uso del fósforo. Por una parte es un problema ambiental (el arrastre del fósforo crea proliferaciones de algas tóxicas (HABs) en estuarios, matando la vida marina), aparte del deterioro del suelo por el monocultivo. Pero es que resulta que el mineral de fosfato, que es de donde se está sacando el fósforo para los cultivos en todo el mundo, es también un recurso mineral agotable. Y su pico fue... en 1989. Lo más triste del problema del fósforo es que es bien conocido desde hace un siglo o más; si hasta Aldous Huxley lo comenta en sus novelas (como en "Un mundo feliz"). El pico del fósforo daría y merece otro post en sí mismo, pero es tan profundo y deprimente (la agricultura, y por ende, nuestro suministro de alimentos depende del fósforo) que es mejor dejarlo para momentos ulteriores. Pueden encontrar mucha información sobre la cuestión en Energy Bulletin, más concretamente en este enlace. Curiosamente, el problema del pico del fósforo comienza llegar a los medios de comunicación convencional. Que no cunda el pánico: podemos -y de hecho debemos- reaprovechar el fósforo de nuestras heces. Huxley es todavía más radical  y propone reaprovechar los cadáveres...
En resumen, los biocombustibles no serán una fuente de energía, pueden causar muchos problemas ambientales y de seguridad alimentaria, aunque pueden ser útiles para ciertos usos. Pensemos bien cómo queremos usarlos, porque ya nada en este mundo es gratis.

Salu2,

AMT

Cómo es un colapso

Escrito por oilcrash 21-04-2010 en General. Comentarios (9)
Queridos lectores,

Ayer tuve un día bastante complicado. Muchas gestiones, muchos muros contra los que darse de cabeza y, de fondo, una cuestión omnipresente: la crisis, los recortes, la falta de dinero, los problemas que se agudizan. Temas recurrentes mientras batallamos contra la cerrazón de la administración: fuentes bien informadas me aseguran que la situación financiera de determinados organismos públicos es peor de lo que se reconoce, por cada lado van surgiendo agujeros, afloran deudas, se impaga a proveedores... Llego a casa y conversando con algunos miembros de mi familia veo, en menor escala, el mismo problema; el paro amenaza a varias personas allegadas, sin posibilidades claras de emerger de él en mucho tiempo. El otro día en el mercado un vendedor se quejaba de que si les siguen apurando los márgenes tendrán que retirarse del negocio; en la escuela de mi hija se han tirado varios días sin calefacción porque no tenían previsto (y posiblemente tampoco presupuestado) el gasoil para los primeros días de este frío abril (y es muy triste llegar a casa de mis cuñados y oír a mi sobrino de cuatro años, que va al mismo cole, decir: "Tito, en el cole hace frío"). Es evidente, pues, que las cosas no van bien. ¿Hasta dónde no irán bien?

Cuando hago las charlas sobre el Oil Crash, en alguna de las transparencias iniciales digo las siguientes frases: "El Oil Crash es la inminente e inevitable llegada a un punto a partir del cual la actual sociedad basada en el petróleo ya no será viable". "Si no se toma ninguna medida, la sociedad colapsará". Pero, ¿qué es colapsar? La cuestión es importante porque muchos de mis oyentes y lectores, sin negar la importancia de las cosas que aquí se discuten, esencialmente esperan a que el colapso sea tan evidente como para que la toma de medidas drásticas que reorienten sus vidas sea socialmente aceptable y no sea visto como una excentricidad, fruto del alarmismo y la paranoia. Por tanto, el post de hoy va de eso, de cómo reconocer el colapso antes de que sea demasiado tarde.

Sostiene Dimitri Orlov en un post de su blog que el colapso consta de cinco fases, a saber: colapso financiero, colapso comercial, colapso del estado, colapso de la comunidad y colapso de la familia. Durante el colapso financiero (situación muy semejante a la que estamos viviendo hoy en día en la mayor parte del mundo occidental) los bancos y compañías tienen problemas para hacer frente a sus deudas y acaban en bancarrota. Después viene el colapso del comercio: incapaz de pagar sus deudas a nivel corporativo, estatal e individual, el país colapsante deja de ser fiable y los demás países interrumpen sus tratos con él. La siguiente fase, el colapso del estado, viene cuando la situación se deteriora, los servicios se interrumpen y las infraestructuras no pueden ser reparadas; el Estado pierde relevancia y la gente acaba haciendo su vida y organizándose a espaldas del mismo, basándose en comunidades de todo tipo, desde las asamblearias hasta las comandadas por un señor de la guerra. En la siguiente fase, las comunidades no son capaces de ayudar a los individuos en problemas para ellos críticos, como el acceso al agua y a los alimentos, y se disgregan. La única unidad que persiste es la familia, entendida de forma extensa como clan familiar. En la quinta y última fase del colapso, la escasez de recursos y la dureza de las condiciones hacen que la situación se convierta en un "sálvese quien pueda" y todos los individuos compiten con todos; el canibalismo es norma y la especie puede subsistir en pequeños grupúsculos aislados o extinguirse.

La primera cosa que hay que decir, como ya advierte el propio Orlov, es que no es necesario seguir estas cinco fases; dependiendo de nuestra inteligencia y adaptación podremos detener el proceso, cuanto más arriba mejor, aunque él cree que el esfuerzo necesario para evitar las dos primeras fases es posiblemente inasumible y que lo lógico es detener el proceso en la fase 3, antes de que el Estado colapse. Se puede decir que él habla por experiencia: afincado en los EE.UU. pero ruso de origen, Dimitri Orlov vivió el colapso de la URSS y en buena medida su modelo de colapso se ajusta al patrón que él usa. Por otra parte, y sin retrotraerse a alguna de las 26 civilizaciones anteriores a la nuestra que tenemos constancia que han colapsado, tenemos numerosos ejemplos actuales de sociedades actuales que han colapsado hasta la fase 3, el colapso del Estado: son los famosos Estados fallidos de los que de vez en cuando se habla en la tele (he utilizado deliberadamente el término "señor de la guerra" porque ya mucha gente está familiarizado con él).

Otra cosa a destacar es que aunque la situación de escasez de recursos es global, sin embargo el colapso, como la suerte, va por barrios. No todos los países colapsarán a la vez ni a la misma velocidad. Cuantos menos recursos tenga un país, esté peor comunicado y más comprometida sea la situación de su deuda, antes y más rápido colapsará, incluso en la misma zona socieconómica. Por ejemplo, en buena medida se puede decir que Grecia está acabando la fase 1 de su colapso en tanto que España todavía está a la mitad y Alemania seguramente sólo la está empezando.

Este post pretende ser una descripción de los síntomas primeros del colapso, particularizados para el caso de España. No puede ser una narración cronológica, porque un fenómeno tan complejo escapa completamente a mi comprensión; yo describiré aspectos que lógicamente pueden aparecer, sin saber en qué orden y cuáles de todos se manifestarán. Por otro lado, es imposible saber exactamente en qué momento se empezarán a manifestar, puesto que hay multitud de aspectos que afectan al suministro de petróleo, que al final es lo que es importante. Por el lado del precio, es imposible saber cuál será la demanda de los otros países, especialmente cuando alguno de ellos colapse (lo cual reducirá la demanda global y disminuirá la tensión en los precios). Por otro lado, otras cuestiones aparte del precio acabarán influyendo en el suministro, cuando el colapso ya esté más avanzado (fallo en las infraestructuras, contratos de suministro en exclusiva de los productores con terceros países, etc). Por último, la toma de medidas decididas evitará el progreso del colapso y que alguna o muchas de las cosas que aquí describo tenga lugar. En fin, sea como sea, he aquí una relación de hechos asociados con el colapso:
  • La tan cacareada recuperación nunca llegará. Algún trimestre el PIB será exiguamente positivo, pero siempre vendrá seguido por otros trimestres en los que el descenso del PIB será mucho mayor. En algún momento se dejarán de publicar los datos de variación del PIB con cualquier excusa (algún problema coyuntural que no permite recabar datos o cosas por el estilo) o directamente se manipularán las cifras. En una fase avanzada, ya nadie se preocupará del PIB y lo importante serán otros indicadores, como el índice de delincuencia o de paro.
  • Los ajustados costes en el sector del transporte hará que haya huelgas de transportistas, como en Mayo de 2008. Al principio serán anecdóticas y sin consecuencias (como en aquella fecha), pero su repetición y su duración más prolongada desembocará en pequeños problemas de suministro. Algunas tiendas (incluidos los supermercados) tendrán cierto desabastecimiento, sin llegar a ser preocupante. Algunas tiendas, que ya tenían problemas para capear la crisis, cerrarán. A medida que el problema recurra y se agrave, el desabastecimiento será mayor y cada vez será más difícil encontrar determinadas cosas hoy comunes. Al final, los costes de transporte se repercutirán en el precio de las mercancías y objetos hoy comunes se volverán muy caros: imagínense los yougures a 2 euros la unidad o los tomates a 10 euros el kilo. Empezará a prosperar un comercio informal, la poca gente que viaje traerá objetos a precios enormes pero más baratos que por transporte común. Al final conseguir un tubo para reparar una cañería o un cable eléctrico para hacer una lámpara requerirá tener buenos amigos que te lo puedan conseguir (lo más probablemente, robándolo entrando en casas, abandonadas o no).
  • La venta de coches se hundirá. Ésta es una pescadilla que se muerde la cola: cuando más paro, más inseguridad y más reticencia al gasto; cuanto menos gasto, más paro, sobre todo en sectores como el del automóvil, que ya está muy comprometido. Las fábricas en España reducirán primer drásticamente su plantilla, después irán cerrando una tras otra. El prometido coche eléctrico nunca llegará a fabricarse masivamente en España. Al final, todos los trabajadores de la industria del automóvil (8,5% de la población activa, INE 2008) se irán al paro.
  • El turismo se hundirá. Siendo un gasto absolutamente discrecional, y estando nuestros mercados naturales (Inglaterra, Francia, Alemania) en una situación difícil, y el mercado nacional arrasado por el paro, habrá una gran contracción en la población activa dedicada al sector del turismo (alrededor del 12%, INE 2008).
  • Otros sectores se verán directamente afectados por el agravamiento de la crisis, o indirectamente por la disminución del consumo asociado a ella. El paro irá creciendo sin tregua: primero el 20%, después el 25%, después el 30%, después... mejor no imaginar. El nivel de paro será tan alto que las calles estarán llenas de gente sin nada mejor que hacer. Serán frecuentes las trifulcas y peleas, los pequeños hurtos, los robos a punta de navaja, los homicidios... A falta de una respuesta coherente de las diferentes administraciones, algunas comunidades constituirán economatos con alimentos aportados solidariamente por personas aún con empleo, donde los desempleados podrán pagar con cupones que se entregarán cada mes (al estilo de lo que ya pasa en EE.UU.). Donde ésta u otras medidas similares de auxilio social no estén en marcha el malestar social será más elevado, sobre todo en poblaciones grandes. Alguna gente con mayor poder económico se hará con armas de todo tipo. Habrá peticiones recurrentes al Gobierno para que aplique la mano dura delante de episodios repetidos de violencia y de robos, que la prensa, cada vez más centrada en las cuestiones domésticas (que son más baratas de cubrir), se encargará de espolear. Al final, es posible que se acabe instaurando una dictadura más o menos explícita, pero a pesar de la mano dura los problemas no remitirán; eso sí, ya no se informará sobre ellos.
  • La evolución de la bolsa no será nada satisfactoria. Habrá periodos de repunte prolongados, en los que la esperanza de una próxima-pero-que-nunca-llega recuperación harán que los índices suban; pero estos periodos serán contrarrestados y superados por caídas abruptas en períodos de pocos meses. En algún momento el IBEX 35 caerá tanto que las empresas que habían hecho grandes comprar avalándolas con las propias acciones que habían comprado (pignoración) se encontrarán que no pueden hacer frente a los pagos adicionales que tendrán que hacer para compensar la pérdida de valor de las acciones. En algún punto por debajo de los 6.000 puntos del IBEX 35 grandes empresas empezarán a quebrar, y en su caída arrastrarán a algunos bancos. La caída de algunas grandes empresas de servicios hará que éstos se dejen de prestar, aunque ya antes de eso tendrán muchas deficiencias porque las empresas concentrarán sus recursos financieros en pagar las compensaciones de las acciones pignoradas. En algunas zonas dejará de haber, ya antes de la caída de las empresas, electricidad, agua, gas, recogida de basura, saneamiento,... porque en una situación de degradación de infraestructuras no será económico prestar esos servicios, que además serán muy caros. Al principio serán pequeñas poblaciones y urbanizaciones aisladas donde se deje de prestar los servicios; después, serán poblaciones de tamaño mediano y, por último, serán las grandes ciudades las que se quedarán sin servicios, primero por barrios y distritos, después la ciudad entera. La falta de servicios hará la vida miserable; tendremos frío y calor; reaparecerán enfermedades olvidadas, asociadas a la falta de tratamiento del agua; la gente tendrá que improvisar hogueras para preparar los alimentos, con lo que se desencadenarán más incendios; faltará agua hasta para beber (no digamos ya para lavarse o lavar).
  • El populismo y los movimientos radicales cogerán fuerza con sus explicaciones ramplonas sobre "qué es lo que está pasando" y "cómo volver a la normalidad", al estilo de lo que ya pasa en EE.UU. con el Tea Party. En la medida en que el Gobierno no ponga en marcha medidas que ayuden realmente a la población (y no a los grandes lobbies menguantes), estos movimientos irán cogiendo fuerza. En el caso concreto de España, es muy probable que ciertas comunidades, como por ejemplo Cataluña, escojan vías directamente secesionistas, avivadas por la acumulación de agravios (los reales y los percibidos) durante años. Esto puede desencadenar una guerra civil de imprevisibles consecuencias, agotando los escasos recursos restantes más rápido y dañando de forma irreversible las infraestructuras.
  • Al decaer la capacidad recaudatoria del Estado éste tendrá que dejar de lado algunas de sus responsabilidades, con lo que acrecentará su descrédito y se adentrará en la fase 3. Los salarios de los funcionarios y de los trabajadores públicos en general quedarán congelados indefinidamente, comprometiendo su capacidad de consumo, aunque aún así durante un tiempo estarán mejor que el resto de los asalariados. Sin embargo, la inflación rampante provocada por la carestía de todo hará que en algún momento los salarios de determinados trabajadores públicos no den ni para pagar el abono-transporte (esto puede parecer una exageración, pero tengo un testimonio vivo en mi propio instituto, Mijail, que vivió esta situación en Rusia; y si no, señores, acuérdense del corralito argentino), con lo que estos trabajadores acabarán por abandonar su trabajo o por exigir "mordidas", sobornos a cambio de "favores", que no son otra cosa que hacer su función en condiciones normales. Mientras España permanezca en la Unión Monetaria y si los otros países no tienen un colapso avanzado, se orquestará una operación de rescate, al estilo de la que está organizándose para Grecia actualmente; en caso de no poder o no querer rescatarnos, y si nuestro colapso está más avanzado que el de ellos, o bien les arrastramos en nuestra caída o bien España será expulsada de la zona euro. En la práctica la mejor opción sería, paradójicamente, que colapsemos antes y más rápido que todos los demás; así nos rescatarían de una manera muy gravosa para nosotros. Esto nos forzaría a adaptarnos a un nivel de vida más bajo, pero aún superior al de un colapso desordenado, y abriría los ojos a la sociedad sobre la necesidad de cambiar el modo de vida. Así, quizá, estaríamos mejor preparados para la segunda parte de la caída.
Estos son algunas de las consecuencias posibles y efectos concretos del colapso, más allá de las periódicas subidas y bajadas bruscas del precio del petróleo, como ya hemos comentado que pasará. Seguramente ésta no es una relación exhaustiva y no todo tiene por qué pasar, como ya hemos dicho.

¿Es necesario seguir este camino tan penoso? Insistamos: no. Depende de nuestra inteligencia. En una conferencia reciente en el Institut d'Estudis Catalans, a cargo de Mariano Marzo y Josep Puig, éste último presentó un estudio según el cual Cataluña podría producir por medios renovables la misma cantidad de energía que consumía en 1993. Ciertamente, ésta es la mitad de la que consume hoy en día, pero como bien dice el autor, todos recordamos 1993 y no se vivía tan mal, ¿verdad? Pues ésta es la nota optimista con la que quiero cerrar un post tan negro y negativo como el de hoy. Que si queremos y ponemos esfuerzo podemos pilotar una transición menos traumática y peligrosa.

Salu2,

AMT

La irresponsabilidad de ser optimista

Escrito por oilcrash 19-04-2010 en General. Comentarios (7)
Queridos lectores,

A raíz del último comentario de Agustín al post anterior, he creído que el tema a tocar era tan amplio que merecía un post aparte. Acerca de la descripción que yo hacía de los problemas de suministro de frutas y verduras al Reino Unido originada por la interrupción del tráfico aéreo, decía Agustín lo siguiente:

"Se ponen de manifiesto dos cosas:
Primero.- que en este planeta estamos de paso, y casi por casualidad,con lo que cualquier convulsión nos puede erradicar de la faz de latierra.
Segundo.- que la tecnología (en este caso la aeronáutica) poco tiene que hacer ante ello.
Pero da igual: todavía habrá gente protestando porque no habíanprevisto las consecuencias de la erupción y porque no se ha buscado unasolución a "su" problema."

Tiene razón Agustín, pues son éstos dos problemas recurrentes y que explican en parte nuestra incapacidad de abordar de manera razonable y efectiva el Peak Oil. Grosso modo estos dos problemas son nuestra incapacidad de aceptar nuestros límites y el tecnooptimismo.

El ser humano es, intrínseca y necesariamente, limitado. Esto lo aprendemos rápido de pequeños: no podemos correr tanto como querríamos, no podemos levantar pesos muy pesados, no podemos volar... Ni siquiera podemos hacer lo que queremos, dentro de nuestros límites físicos, por culpa de otros límites intangibles pero igualmente inflexibles: la familia, la sociedad, la escuela,... Sin embargo, esto que es tan evidente se va diluyendo con la edad, a medida que va calando otra idea, no tan natural y evidentemente falaz, de que todo se puede conseguir con los medios adecuados. Nuestra sociedad de consumo nos va permeando con la idea de que con suficiente dinero todo se puede cubrir, y lo que nuestra capacidad física no nos permite la omnipotente tecnología será capaz de suplir. Esta nueva realidad prefabricada resulta muy cómoda y conveniente; elimina la incertidumbre del mundo real y hace más difusa la más terrible de todas las incertidumbres, la de la propia muerte, y empuja a la gente a consumir sin reflexionar.

Sin embargo, de vez en cuando la desgracia llega de todos modos: la gente muere en accidentes, terremotos, enfermedades,...; la economía tiene problemas, el paro aumenta, la inseguridad crece... Para luchar contra estas esquinas de realidad que rasgan nuestra cortina de ilusión, tenemos el tecnooptimismo, que es la firme creencia en que la tecnología puede resolver cualquier problema, simplemente si estamos dispuestos en invertir lo suficiente en su desarrollo. Ésta es la base de muchas políticas que se están empezando a implementar hoy en día, una vez que poco a poco va calando la idea de que hay un problema intrínseco con el modelo actual: que si tenemos que buscar energías alternativas, que si el coche eléctrico nos va a ayudar a superar nuestra dependencia del petróleo, etc. El infantilismo en el que nos ha sumido el consumismo nos lleva a creer que todo problema se puede resolver y que Papá-Estado-Autoridades-Tecnología-Ciencia-Quien-sea será, en todo caso la autoridad superior y responsable, no sólo puede si no que además tiene la obligación de resolver el problema. Me resulta frustrante en las charlas que voy repitiendo sobre el Oil Crash que en el turno de preguntas siempre hay alguien que nos pide, casi nos exige -nosotros que somos científicos y que por tanto formamos parte de ese establishment todopoderoso- que resolvamos un problema tan complejo como es el de adaptar una sociedad autista y ególatra a un escenario de descenso de la energía; que demos soluciones, vaya.

El problema verdaderamente grave es que las diversas administraciones aceptan este rol de proveedores de soluciones que, en realidad, no pueden cumplir. ¿Que no se venden coches? No se preocupen, que pondremos subvenciones para que se sigan vendiendo, aunque dentro de tres años no sé de dónde sacaremos petróleo, no ya barato si no a cualquier precio. ¿Que la gente se preocupa porque el precio del petróleo sube? No se preocupen, que con el coche eléctrico el problema del petróleo desaparece, ignorando el hecho de que el petróleo se usa no sólo para los coches si no para casi todo y que en todo caso no tenemos ni idea de donde saldría la energía para recargar esos coches, para la construcción de los cuales no tenemos en todo caso suficientes materiales. ¿Que siguen preguntando por los otros usos energéticos del petróleo, más allá de los coches? No se preocupen, que podemos multiplicar por dos o tres la producción renovable actual, aunque obviando que eso se queda lejos de multiplicar su potencial por 20, que es lo que necesitaríamos para igualar el consumo actual, entre otras cosas porque no es posible, porque la energía renovable no tiene tanto potencial, y eso sin hablar de la falta de materiales para las instalaciones y su carestía asociada a la subida del precio del petróleo (porque petróleo se gasta, y en ingentes cantidades, para extraer, refinar y procesar todos los materiales). ¿Que la gente tiene miedo del paro? No se preocupen, y consuman, consuman, malditos, que hemos de hacer crecer el PIB a ese mágico 2.6% que hará que el paro vuelva a bajar, aunque esto ya no sea posible cuando nuestro consumo de petróleo cae a un ritmo medio del 3% anual.

Ser optimista, creer que la tecnología todo lo resolverá, es una manera socialmente aceptable de ser un suicida. Yo, si me lo permiten, escojo la vida. Yo soy científico, pero no soy idiota, y no quiero creer en las bondades de la tecnología como si fuera un acto de fe; porque soy científico sé que hay límites en la naturaleza (las leyes de la termodinámica, por ejemplo) y que no podemos hacer milagros, aunque podemos y debemos mejorar las condiciones de vida de los hombres. Pero seamos racionales.

Salu2,

AMT

Impacto de la nube de ceniza en el suministro de frutas y verduras en el Reino Unido

Escrito por oilcrash 18-04-2010 en General. Comentarios (5)
Queridos lectores,

Acabo de leer una noticia publicada en The Guardian sobre los problemas que está causando la prohibición de volar de estos días, causada por los riesgos para los aviones provocados por la nube de cenizas liberada por la erupción del volcán Eyjafjalla en Islandia. La noticia se centra en la falta de ciertas frutas y verduras en el Reino Unido, ya que funcionan con el principio de "just in time", con cadenas de distribución que operan sobre bienes perecederos de una manera muy rápida, y si cualquier disrupción tiene lugar el suministro se puede ver interrumpido por completo. En el caso del Reino Unido, si la crisis aérea no se resuelve en los próximos dos o tres días los supermercados dejarán de tener cosas tan superfluas como frutas exóticas o flores de Kenia, y algunas un poco menos superfluas como espárragos, uvas, cebollas, lechuga y ensaladas pre-empaquetadas.

En todo caso, es un problema menor, sobre todo porque se prevé que el problema se solucione en los próximos días, y también porque las importaciones por vía aérea sólo representan, por peso, el 0.5% de las importaciones en el Reino Unido (aunque su impacto económico es significativamente mayor, el 25% por valor). Dejando al lado el hecho de que en algún momento se podría producir una erupción mayor que podría afectar al espacio aéreo durante meses, el hecho lo que refleja es la fragilidad del sistema de suministro en el Reino Unido, y por ende en Occidente, de bienes que pueden ser fundamentales como son los alimentos.

En la misma noticia de The Guardian se indica que el 90% de la fruta y el 60% de la verdura que consume el Reino Unido es importada, sólo que mayoritariamente viene por vía marítima (la vía aérea, más cara, se reserva para las materias más perecederas). En una situación de fallos en el suministro de petróleo como la que contempla el Departamento de Defensa de los EE.UU. que suceda antes de cinco años, por una parte el Reino Unido tendría problemas para mantener su producción autóctona de alimentos (Dale Ale Pfeiffer, en su libro "Eating fossil fuels", comenta que por cada caloría de alimento que llega a los platos de una familia norteamericana se han consumido 7 calorías de combustibles fósiles, incluyendo el fuel del tractor y resto de maquinaria, los fertilizantes, los pesticidas, el procesamiento y la distribución); pero por otra parte tendría problemas para pagar sus gigantescas importaciones de alimentos (aquí hablamos sólo de frutas y verduras, pero también se importa, y mucho, de las otras categorías de alimento).

Uno de los problemas más graves de la llegada del Peak Oil es asegurar el suministro de alimento a la población. Este problema es mucho más serio de lo que mucha gente se imagina, consecuencia de un mundo globalizado donde la producción se localiza donde los costes son más bajos y el petróleo barato hace que el coste de transporte no sea relevante... hasta que el Peak Oil haga que lo sea, y mucho. El problema es que crear una infraestructura resistente a la falta de petróleo local no es algo que se pueda improvisar, lleva años y lleva esfuerzo. Éste es, en parte, el trabajo que iniciativas como las de la red de Ciudades en Transición (Transition Network, TN) está intentando organizar. Significativo es que en la reciente conferencia sobre los problemas que generará el Peak Oil, entre el Ministerio de Energía británico y su industria, y que tuvo lugar hace unas semanas, el Ministerio de Energía invitó a dos activistas de TN, como ya comentábamos en su momento (ver post).

En el caso de España, no sé ni cuánto importamos ni cuánto podríamos acrecentar nuestra producción local para hacer frente a este problema, ni cómo deberíamos adaptar nuestras redes de distribución. Lo que sí sé es que por tal de mantener un modelo que cada vez está más comprometido por los costes inherentes al combustible, los distribuidores reducen cada vez más los márgenes de los agricultores y ganaderos y de los transportistas autónomos, con lo que el malestar de estos sectores es mayor; fíjense si no en las protestas repetidas de agricultores o en la huelga de camioneros en Mayo de 2008. Por cierto que esta huelga se produjo cuando el petróleo estaba a 100$ el barril. Ahora estamos a 85$ y subiendo. Seguir esperando, seguir introduciendo tensión, seguir machacando y humillando a los estratos inferiores de la pirámide de producción, forzándolos a abandonar el negocio o a la movilización, puede llevarnos a que el sistema de comporte de modo muy no lineal, impredictible, a que se produzca una transición de fase. A que de golpe nos quedemos sin una parte sustancial de los alimentos, vaya. ¿Tiene esto sentido? ¿No deberíamos empezar a estudiar el problema de modo integral y ver cómo adaptarnos a la falta de combustible, en vez de confiar ingenuamente a que la "mano invisible" del mercado haga su función (que esencialmente es sustraer capital de las actividades de menos valor monetario, aunque sean fundamentales para nuestra subsistencia)?.

Creo que hay motivos suficientes para intentar hacer una reflexión profunda e inmediata. La alternativa es esperar a reaccionar en un momento que quizá ya sea tarde para evitar hambrunas y revueltas, por increíble que esto pueda sonar en este momento.

Salu2,

AMT

Jazztel

Escrito por oilcrash 14-04-2010 en General. Comentarios (4)
Mis habituales lectores me disculpen, pero hoy me voy a dirigir a otro colectivo.

Querido Operario/a de una empresa de servicios que trabaja para Jazztel,

Tengo que decirle que hace ya tiempo que superé el umbral de saturación con las llamadas para ofrecerme no sé que servicio presuntamente ventajoso de Jazztel. En su día (hará mas de un año y medio) ya le expliqué a algún compañero tuyo que dadas las circunstancias de donde vivo y que posiblemente me mudaré pronto a un sitio donde no sé si podrían darme servicio (y más con esta crisis) no puedo ni tan siquiera considerar la oferta. Es igual. Las llamadas han seguido impenitentes y al final me he hartado de explicarme. Como recibo llamadas que me importan de muchas procedencias, a veces incluso con identidad oculta (quien me llama ha de preservar su identidad y a veces se le olvida desactivar esta función al llamarme) no tengo un modo simple de filtrar las llamadas. He seguido varias estrategias para intentar aplacar este rollo que no cesa (que me perdone Miguel Hernández). Primero intenté que anotasen en la base de datos que el futurible cliente no estaba interesado, sin éxito. Después, durante un tiempo les pedía que esperasen un momentito y metía el inalámbrico en un cajón, con el afán de hacerles perder tiempo y así hacerles perder dinero, a ver si a las malas entendían que no tenía interés en su oferta. Últimamente, como ya me llaman contínuamente, les digo que no pueden ser ellos, les explico sucintamente la situación y les digo que por favor dejen de acosarme. Les recuerdo, además, que de acuerdo con una resolución del Congreso de los Diputados del año pasado, si durante la conversación les pido -como ipso facto hago- que me retiren de su base de datos tienen la obligación legal de hacerlo; pero como la española no es una sociedad que haya asimilado los usos de la democracia recibo a veces excusas de lo más tonto, como que ponga una reclamación, como que son muchos, como que ya se lo anotan y ya, la última vez, el operador me reconoció que no puede modificar la base de datos (es decir, la empresa no tiene previsto aplicar la legalidad vigente). Y ahora, en fin, quiero probar otra cosa. No conseguiré que cesen las llamadas, pero quizá consiga que me sean útiles. ¿Y cómo, se preguntará Vd.? Pues intentando incrementar el nivel de conciencia societaria sobre el alcance de la crisis que se avecina. No la que tenemos, no; la que se avecina.

En el curso de estos años he comprobado que cada vez me llaman más frecuentemente, hasta el extremo actual, en que me llaman mañana y noche cada día (porque no puede ser que siempre que estoy en casa me pillen). Es un hecho evidente de que no son capaces de gestionar su base de datos; por fuerza a largo plazo quienes queden en ella serán los que no están interesados, a los que con su contumaz insistencia innecesariamente encabronan contra Jazztel, dañando la imagen de la compañía. Una actitud tan suicida y destructiva, a la vez de insistente, sólo puede revelar desesperación. No es de extrañar: la cotización bursátil de Jazztel está a la baja, la crisis hace poco probable que la gente quiera comprometerse a pagar otra cuota mensual, y las malas perspectivas de negocio hacen imposible el despliegue de la red propia de Jazztel. Téngalo claro: está Vd. montando un caballo perdedor. No sé cuál es su régimen laboral, pero si va Vd. a comisión la saturación actual del marketing telefónico sólo va a conseguir que pase Vd. la jornada laboral oyendo exabruptos, finalizando pocos contratos y por ende cobrando poco dinero, hasta que le pongan en la calle. No creo que dure Vd. mucho en esta compañía: durante el último año y medio me han llamado no menos de 40 operadores (no le exagero, créame) y todos eran diferentes; no me puedo creer que todos sigan trabajando para Jazztel. Plantéese cuál será su futuro.

Ya que estamos metidos en harina, permítame que me presente, más allá de la ficha con nombre y teléfono que tiene Vd. Me llamo, ya lo sabe, Antonio Turiel Martínez (ahórrense el María, sólo lo usan mis más allegados). Soy Científico Titular (sí, mire, es una profesión) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Trabajo en el área de Recursos Naturales y aunque mi campo de investigación es la oceanografía por satélite, últimamente dedico bastante tiempo a documentar e informar sobre la llegada del cenit de producción del petróleo y de otros recursos naturales y sobre su impacto sobre la economía y la sociedad. Nuestra sociedad global tiene frente a ella un reto colosal, que destierra la idea de crecimiento económico y que, desde luego, hace que los planes empresariales de Jazztel no sean más que papel mojado.

Si he conseguido picar un poco su curiosidad, le ruego que lea las noticias de este blog, comenzando por la primera (pinche aquí). Si tiene la paciencia de leer, quizá empiece a comprender. Y puede que así se replantee su propia vida y actividad. No evitaré que me acosen con las llamadas, pero quizá me ayudará a prevenir a más personas de que un cambio es necesario.

Saludos cordiales,

Antonio